Los desafíos de la comunicación ante los algoritmos
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Los desafíos de la comunicación ante los algoritmos
En la conferencia inaugural del ciclo escolar de la Maestría en Comunicación y Cultura, Jaime Lobato Cardoso reflexionó sobre el papel de los datos, los algoritmos y las tecnologías digitales en la transformación de la comunicación.
Judith Morán
¿Cómo cambia nuestra experiencia sensible cuando el mundo se reduce a flujos de datos? Esa fue la premisa de la conferencia “Complejidad en la comunicación después del giro informacional”, que Jaime Lobato Cardoso dictó en la inauguración del ciclo escolar de la Maestría en Comunicación y Cultura del ITESO.
El artista transdisciplinario e investigador mexicano reflexionó sobre las transformaciones que atraviesa la comunicación frente al crecimiento de los algoritmos, las tecnologías digitales y las herramientas de “inteligencia artificial”, así, término que coloca entre comillas porque lo considera un concepto mercadológico.
“Lo que sí existe son algoritmos de aprendizaje de máquina y algoritmos generativos. Eso sí, es algo con nombre y apellido. Lo de inteligencia artificial, pues, es un concepto paraguas que abraza muchas técnicas, conceptos y metodologías diferentes”, señaló.
Agregó que se está dando una especie de “postmedialidad”, ya que a las computadoras y a los algoritmos no les interesa distinguir si un archivo es audio, imagen o texto debido a que operan desde lo informacional: a un fenómeno físico se le estudia y se le divide para convertirlo en una gráfica o en un mapa de bits.
Relató que la computadora y los lenguajes de programación son las herramientas con las que más ha trabajado y que entre sus líneas de investigación está el arte generativo, cuyas herramientas tienen cierta independencia del creador (esto es que el sistema tome ciertas decisiones de creación).
El concepto de algoritmo fue uno de los primeros que abordó y explicó que en realidad no está ligado solo a las computadoras. “Los algoritmos son una serie de pasos metódicos y secuenciales para resolver un problema, no se necesita una computadora, no se necesita una red social, ni nada por el estilo”.
Es decir, las indicaciones para llegar a un lugar, una receta, etcétera, son algoritmos y estos son dispositivos que existen desde hace cientos de años como la tablilla babilónica en la que está la información que después dio origen al teorema de Pitágoras.
El dato no es neutral
Estas aproximaciones lo llevaron a plantear la diferencia entre dato e información, que son un producto cultural. Para Lobato Cardoso, el dato no es un elemento que simplemente se encuentra en la realidad: debe ser construido a partir de decisiones, clasificaciones y formas específicas de observar el mundo.
“Uno no puede abrir una mina y sacar datos. Podemos sacar coltán, podemos sacar cobre, podemos sacar carbón, pero no podemos sacar datos. El dato lo tenemos que construir”, afirmó.
Esta construcción, explicó, está atravesada por factores sociales, políticos, históricos y culturales.
Conceptos como “la nube” pueden transmitir la idea de que la información existe en un espacio abstracto. Sin embargo, detrás de los servicios digitales existen centros de datos, discos duros y dispositivos físicos que almacenan la información.
La investigación de Lobato lo ha llevado a participar en proyectos que exploran la relación entre organismos vivos, tecnología y comunicación. En uno de ellos se trabajó con bacterias capaces de producir señales luminosas a partir de mecanismos de comunicación química.
La experiencia abre nuevas preguntas: ¿qué diferencia existe entre la comunicación bacteriana y la comunicación humana?, ¿qué sucede cuando la comunicación se observa más allá de nuestra especie?
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